Si nos atenemos a los extraordinarios mitos y leyendas de los indígenas Muzos, las esmeraldas colombinas son únicas y las más hermosas y finas del mundo puesto que en realidad son lágrimas de una diosa.

 

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Cuenta la leyenda que para los indígenas Muzos , amos y señores de la región esmeraldífera, Are, un dios fabuloso y aéreo en forma de una inmensa sombra inclinada, asomó de los lados de gran río (Magdalena), atravesando en lento vuelo la inmensidad del espacio y al vaivén de su paso, según la mayor o menor detección de su movimiento iban surgiendo las montañas y los valles.

 

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"Are, supremo creador del territorio y del pueblo de los Muzos, se detuvo a las orillas del sagrado río Carare y de un puñado de tierra formó dos ídolos que llamó Fura (mujer) y Tena (hombre), que arrojó después a la corriente en donde, purificados por los besos de la espuma, tomaron aliento y vida" , siendo ellos los dos primeros seres del linaje humano. Are les señaló los linderos de sus dominios, les enseñó a cultivar la tierra, fabricar loza, tejer las mantas y a luchar bravamente para defenderse de las fieras y los seres extraños. Les inculcó la libertad sin límites, les puso el sol, la luna y las estrellas, y para que gozaran de la tierra, les concedió el privilegio de una perpetua juventud a cambio de que el amor fuera único entre los dos.

 

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La sentencia del dios Are, de que Tena tendría que suicidarse y Fura deberá sostener el cadáver de su eterno amante en sus rodillas durante ocho días se cumplió. Cuidadosamente afiló Tena su macana, a amanera de puñal, y recostado en las rodillas de Fura se atravesó el corazón. Inmenso fue el dolor de Fura… sus gritos de dolor al perforar en ecos la quietud de la selva, reventaron convertidos en bandadas de multicolores mariposas y sus lágrimas, sus torrentes de lágrimas, se fueron transformando al beso del sol en una cordillera de montañas de esmeralda.

 

 

 

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Zarbi, convertido en peñasco por Tena, se transformó en un torrentoso río que enfurecido arremetió contra Fura quien sostenía a Tena en sus rodillas y los separó para siempre convirtiéndolos en dos peñones que cortados a tajo, se miran todavía, separados por la atropellante corriente del río Zarbi, hoy conocido como el río Minero.

 

 

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Fura y Tena fueron finalmente perdonados por el dios Are, quien les puso como guardia para vigilar los peñones; una guardia permanente de tempestades, rayos y serpientes; permitiendo que sean siempre las aguas del río Minero, "sangre de Zarbi, las que descubran, clarifiquen, laven y abrillanten las esmeraldas de Muzo, lágrimas de la infiel y arrepentida Fura.

 

 

 

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