NIA

 

Ayer en la conferencia de Emilio Calatayud fui consciente de que hay muchas maneras de impartir justicia, de ser maestros, padres, personas.

Me di cuenta que hace mucho tiempo que estamos apuntados todos al partido de “ la culpa la tiene el otro” El marido que la tiene la mujer. La mujer que el hijo. El hijo que el hermano/a. El profesor que la familia. La familia que la escuela. Las leyes, los médicos ,el gobierno, todos menos uno mismo , que limpia así sus culpabilidades.

 

Pero no.

Todos, todos somos muy culpables de la sociedad en la que vivimos.

¿Qué hacemos desde nuestras casas, comunidad de vecinos,trabajos … ?

 ¡Poco!¡Nada!

Nuestros hijos respiran, no la agradable sociedad de consumo en la que vivimos. No. sufren en sus carnes el poco tiempo que les dedicamos. Nos quejamos de que hablen mal ,¿qué tiempo ocupamos escuchándoles, dialogando ?  ¡Cuánto a decirles que se callen! Nos quejamos de lo mal que comen ¿comemos en casa y juntos? De las horas que se pasan delante de la pantalla (del televisor, de la Play, del ordenador) ¿les ofrecemos otras opciones?

Desgraciadamente nuestros niños y niñas se están “haciendo” ellos mismos. Sin una guía de la  que tomar ejemplo de lo que está bien o está mal.

 Inmersos en nuestros trabajos, nuestras prisas y nuestro tiempo estamos no sólo olvidándonos nosotros de vivir sino haciendo que la vida de los que vienen detrás sea más negra.

Los criaremos con todo lo innecesario pero les faltará lo que verdaderamente necesitan: tiempo. Tu tiempo.

Ya sé qué ni todos somos iguales ni las condiciones son iguales para todos ni los resultados serán iguales en todos los casos pero, lo vemos todo, abarrunta tormenta.

Una señora, abuela ella, que participó en el debate dio una de las claves del problema.

Comentó que ella cuidaba de sus nietos porque sus hijos no estaban  para hacerse cargo ni de sus hijos ni de sus padres.

¿No se llama eso egoísmo?

 ¿No es esa la filosofía de primero yo después yo y si sobra algo para mí?

 

Creo que deberíamos de parar un momentito y reflexionar.

Ver desde nuestra casa qué podemos aportar para que vaya todo mejor. Buscar el apoyo de los profesores de nuestros hijos. Llevar con ellos, ¡juntos! su educación .

Si cada uno formamos bien nuestro eslabón la cadena final que salga será bien diferente.

¡Eso espero! ¡Ellos se lo merecen!