Recién aterrizada del puentito  en Lanzarote .
Alguien dijo que tenemos cinco dedos en la mano y todos diferentes.
Yo tengo un corazón con siete grandes compartimentos: Y todos diferentes.
Hoy le toca a Lanzarote, la isla donde me gustaría terminar mis días; en cualquier casita, en cualquiera de sus pueblos; de la costa, del interior.
Disfrutando de su tranquilidad; viviendo su magnetismo.
Saboreando, oliendo, percibiendo su esencia.
Todos los que conocen esta isla saben de lo que hablo y saben que, sin pensárselo volverían.
Para  los que no la han visitado todavía decirles que, no existe algo igual en el resto del planeta, y lo digo con conocimineto de causa.
No hay ruidos, ni atascos, ni prisas, ni altos edificios, ni aglomeraciones.
Hay paisajes lunares, pueblitos con casas pintadas de blanco y verde en el interior; blanco y azul para las costas.
Hay una defensa de la naturaleza a ultranza.
Lucha de los campesinos contra la naturaleza que regó la isla de lava y, aún así, tiene los mejores vinos, las mejores cebollas.
Buscamos destinos de larga distancia cuando, aquí, al lado, tenemos más de lo que cualquier sitio nos pueda dar.
¿Se nota que no es amor sino frenesí?
Espero contagiarles ,pero no se lo digan a muchos que quiero que siga conservándose  sin la pisada del turismo masivo.
 
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