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Murió Irena Sendler, el 12 de mayo, a los 98 años, la mujer que ayudó a salvar a 1.200 judíos.

 

Esta historia era desconocida para la opinión pública hasta que en 1999 unos estudiantes de un instituto de Kansas, en Estados Unidos, descubrieron gracias a un trabajo de clase que una polaca había salvado la vida de, nada más y nada menos, 2.500 niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

 

 

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Su marido era dueño de una fábrica que tenía obreros judíos .Juntos armaron una lista con los nombres de esos trabajadores ("La lista de Schlinder", de Steven Spielberg),  dándoles carácter de imprescindibles para el funcionamiento de la factoría que, claro está, suministraba el material de menaje para las tropas alemanas. Ambos sabían que se trataba de un virtual certificado de supervivencia para sus empleados, condenados de antemano a integrar otra lista, la del Holocausto.

Ella y su marido fueron detenidos y llevados a un campo de concentración. A causa de las torturas recibidas perdió un riñón y el dedo pulgar de su mano derecha. Le rompieron los pies y las piernas además de innumerables torturas, por lo que estuvo en silla de ruedas hasta el final de sus días.

 

 

 

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Mientras la figura del alemán Oscar Schindler es reconocida en todo el mundo como el salvador de mil judíos, Irena  Sendler permaneció siempre como una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de régimen comunista relegaron su gesta al olvido.

 

Todo ello a pesar de que esta mujer fue la responsable de rescatar del gueto de Varsovia a 2.500 niños, que lograba sacar de las formas más impensables y que luego ocultaba en el seno de familias católicas y en conventos para evitar su traslado a los campos de concentración, donde les esperaba una muerte segura. Para salvaguardar la seguridad de los niños, escondía sus nombres y sus nuevas identidades en botes de conserva que enterraba bajo un manzano cercano a su casa.

 

A pesar de las torturas, los alemanes nunca descubrieron donde  escondía los botes.

Camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba la dejó escapar. La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niños que colocó con familias adoptivas, los reunió con sus parientes diseminados por todo Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.

Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta, pero años más tarde cuando su historia salió en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle: “Recuerdo tu cara….soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte….”

Por su labor, fue propuesta el año pasado por Polonia para recibir el premio Nobel de la Paz, que finalmente fue a parar al norteamericano Al Gore.

 

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   Hoy es recordada como:"El Ángel del Guetto de Varsovia”