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El sexto chakra, Chakra del Tercer Ojo, o también llamado Ajana, esta situado entre las dos cejas, en la hendidura de la frente; asociado con la glándula pituitaria, con los ojos, el cerebro, con los colores índigo y púrpura; representando la percepción, la intuición y el conocimiento.

 

Su nombre significa "mando".                                  1


A veces se lo llama el ojo de Shiva o el ojo de la sabiduría.


Está relacionado con la sílaba ohm, que representa el comienzo y el final de todas las cosas.

 

 Es desde este centro que la persona armoniza las fuerzas de sí y logra el equilibrio entre el Yin y el Yan.
Pertenece al mundo del espíritu, en donde residen los superiores y permanentes principios del hombre.

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Éste es el chakra del dominio. Aquí es donde alcanzas la integración de la personalidad por encima del dualismo de la psicología humana. Desde aquí desarrollas el sentido de la intuición para saber en qué dirección deseas ir.

 

Los egipcios se servían de él para anticiparse al futuro, Para los egipcios sólo 1 los faraones poseían este órgano de visión extrasensorial, al que llamaron el ojo de Horus.

 

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Otra civilización que se ocupó de la existencia del tercer ojo fue la hindú. Los lamas tibetanos, en su intento por lograr el desarrollo interior a través de la capacidad de la mente, consideraban el tercer ojo como un punto de proyección hacia la conciencia cósmica

Los aztecas intentaban despertarlo para obtener una visión directa de lo invisible.

 Lo cierto es que el tercer ojo fue considerado el "órgano del alma" en numerosas civilizaciones ya extinguidas y que todas ellas coincidieron en ubicarlo en el entrecejo, sobre la frente.
Durante años, el tercer ojo fue incluido en el terreno de lo mítico, pero en la actualidad la ciencia cree haber establecido una conexión entre él y la glándula pineal, un órgano de función desconocida que todos los seres humanos poseemos.

 

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Los dos ojos te dan dimensión en el mundo normal; el tercer ojo te da la visión, la profundidad y la dimensión de los mundos sutiles. Su función es ver lo invisible y conocer lo desconocido. Es el centro de la intuición y de nuestra conexión directa con la fuente infinita de sabiduría.

 

El tercer ojo se activa a través de la meditación, siendo lo ideal practicarla al amanecer y/o al atardecer.

En un lugar tranquilo de la casa, se debe disponer sobre una mesa pequeña con un mantel blanco, un cuarzo transparente, un vaso con agua e inciensos; siendo importante el usar prendas claras, en lo posible blancas, para practicar técnicas de purificación y armonización.

Nos sentamos en la posición que mas cómoda nos resulte e intentamos mantenernos en silencio por varios minutos. Respiramos suavemente ingresando el aire por la nariz y exhalándolo por la boca; mientras nos imaginamos que con cada inspiración es la vida la que ingresa a nuestro cuerpo, despidiendo las tensiones y limitaciones con la expulsión del aire. Vamos relajando lenta y progresivamente cada parte de nuestro cuerpo comenzando con los pies, luego las piernas, columna vertebral, espalda, abdomen, tórax, brazos y finalmente cuello y cabeza.

Tomamos entre nuestras dos manos el cuarzo y, llevándolo a la altura del chakra del tercer ojo, sentimos como la energía que emana de la piedra pasa a través de las yemas de los dedos recorriendo todo el cuerpo.

 

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Si bien los temas para meditar son infinitos, en principio es beneficioso hacerlo sobre el amor y dirigirlo a todos los seres vivos, comenzando por cada una de las personas que tenemos cerca, luego por nuestros vecinos y conocidos, siguiendo así por el resto del mundo.

Visualizamos en el entrecejo una luz muy brillante de color púrpura y sentimos como la misma ingresando a nuestro cuerpo y se extiende mas allá de este, formando un escudo de protección que transmutara las negatividades dejándonos una maravillosa sensación de bienestar y entusiasmo.

 

Este ejercicio de activación, atrae prosperidad, de igual manera dar sin esperar nada a cambio llama a la abundancia; desarrollando la visión interior que promueve la elevación espiritual y sensorial; siendo recomendable realizarlo mínimamente una vez al día.

 

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